HORA SANTA PARA EL AÑO SACERDOTAL

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En el Jueves Santo

Con pensamientos de San Juan María Bautista Vianney

Guión litúrgico y moniciones

Oración del Año Sacerdotal

CELEBRANTE:

"Señor Jesús

En San Juan María Vianney Tú has querido dar a la Iglesia la imagen viviente y una personificación de tu caridad pastoral.

Ayúdanos a bien vivir en su compañía, ayudados por su ejemplo en este Año Sacerdotal.

Haz que podamos aprender del Santo Cura de Ars delante de tu Eucaristía; aprender que tu Palabra que nos instruye es sencilla y cotidiana, que el amor con el cual acoges a los pecadores arrepentidos es tierno, que abandonarse confidencialmente a tu Madre Inmaculada es consolador, que luchar con fuerza contra el Maligno es necesario.

Haz, Señor Jesús, que, del ejemplo del Santo Cura de Ars, nuestros jóvenes sepan cuánto es necesario, humilde y generoso el ministerio sacerdotal, que quieres entregar a aquellos que escuchan tu llamada.

Haz también que en nuestras comunidades –como en aquel entonces la de Ars– sucedan aquellas maravillas de gracia, que tú haces que sobrevengan cuanto un sacerdote sabe ´poner amor en su parroquia´.

Haz que nuestras familias cristianas sepan descubrir en la Iglesia su casa –donde puedan encontrar siempre a tus ministros– y sepan convertir su casa así de bonita como una iglesia.

Haz que la caridad de nuestros Pastores anime y encienda la caridad de todos los fieles, en tal manera que todas las vocaciones y todos los carismas, infundidos por el Espíritu Santo, puedan ser acogidos y valorizados.

Pero sobre todo, Señor Jesús, concédenos el ardor y la verdad del corazón a fin de que podamos dirigirnos a tu Padre celestial, haciendo nuestras las mismas palabras, que usaba San Juan María Vianney: (Todos)

Acto de amor de San Juan María Vianney, Cura de Ars:

TODOS:

Yo te amo, Dios mío y mi único deseo es amarte hasta el último momento de mi vida.

Te amo, Dios infinitamente amable y prefiero morir amándote a vivir un solo instante sin amarte.

Te amo, Señor, y la gracia que Te pido es la de amarte eternamente.

Te amo, Dios mío, y deseo el cielo sólo para poder tener la felicidad de amarte perfectamente.

Te amo, Dios mío, infinitamente bueno y temo el infierno sólo porque en él nunca habrá la dulce consolación de amarte.

Dios mío, si mis labios no pueden decirte a cada instante que te amo, quiero que mi corazón Te lo repita cada vez que respire.

Dios mío, dame la gracia de que sufrir amándote y de amarte sufriendo.

Te amo, mi Divino Salvador, porque Tú has sido crucificado por mí.

Te amo, Dios mío, porque me tienes crucificado por ti en este mundo.

Oh, Dios mío, concédeme la gracia de morir amándote y sintiendo que te amo.

Dios mío, a medida que me acerco al final de mi vida, concédeme la gracia de aumentar mi amor y de perfeccionarlo. Amén.

Acto de fe

CELEBRANTE:

Hoy, en este Jueves Santo nos reunimos en torno a Jesús Sacramentado para adorarle, para alabarle y para pedirle que renueve la vida de sus sacerdotes y de todos nosotros. San Juan María invitaba a los fieles a visitar a Jesús presente en el Sagrario: "Nuestro Señor está ahí escondido, -decía en una ocasión- esperando que vayamos a visitarle y a pedirle. Él está ahí, en el sacramento de su amor; él suspira e intercede sin cesar junto a su Padre por los pecadores. Está ahí para consolarnos, de esta forma, debemos visitarle a menudo.

Cuanto le agrada ese pequeño rato que quitamos a nuestras ocupaciones o a nuestros caprichos para ir a rezarle, a visitarle, a consolarle de todas las injurias que recibe. Nosotros, en este acto de adoración al Santísimo Sacramento, acogemos estas palabras del Santo Cura de Ars y renovamos nuestra fe en la presencia real de nuestro Señor Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía, diciendo: Señor, yo creo; pero aumenta mi fe.

R/. Señor, yo creo pero aumenta mi fe.

· Creemos, Señor Jesús, que en la noche del Jueves Santo instituiste el sacramento de la Eucaristía convirtiendo el pan en tu Cuerpo y el vino en tu Sangre.

· Creemos, Señor Jesús, que en la noche del Jueves Santo confiaste a la Iglesia la renovación del Sacrificio de tu Cuerpo y de tu Sangre para el perdón de los pecados.

· Creemos, Señor Jesús, que te das a nosotros como alimento para la vida eterna en la Sagrada Eucaristía.

· Creemos, Señor Jesús, que a pesar de que nuestros ojos no te ven y que somos indignos de este don, tú estás presente en medio de nosotros.

CANTO:

Cantemos al Amor de los amores,

cantemos al Señor.
¡Dios está aquí! Venid, adoradores;

adoremos a Cristo Redentor.
¡Gloria a Cristo Jesús!

Cielos y tierra, bendecid al Señor.
¡Honor y gloria a ti, Rey de la gloria;

amor por siempre a ti, Dios del amor!

Palabra de Dios y meditación:

MONITOR:

En una ocasión el santo Cura de Ars definió la oración como "la elevación de nuestro corazón a Dios, una dulce conversación entre la criatura y su Criador". Con este espíritu estamos aquí delante de Jesús Eucaristía. Hemos venido a meditar y a acompañarle en su agonía, a tener una dulce conversación con Nuestro Señor Jesucristo, herido por amor a nosotros.

LECTOR:

Del libro del profeta Oseas (11, 1-4)

Cuando Israel era niño, yo lo amé,
y de Egipto llamé a mi hijo.
Pero cuanto más los llamaba,
más se alejaban de mí; ofrecían sacrificios a los Baales

y quemaban incienso a los ídolos.
¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím,

lo tomaba por los brazos!
Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba.
Yo los atraía con lazos humanos,
con ataduras de amor;

era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas,

me inclinaba hacia él y le daba de comer

LECTOR:

¡El corazón de Dios se estremece de compasión! En este día la Iglesia presenta a nuestra contemplación el misterio del corazón de Dios que se conmueve y derrama todo su amor sobre la humanidad. Un amor misterioso que en los textos del Nuevo Testamento se nos revela como inconmensurable pasión de Dios por el hombre. No se rinde ante la ingratitud, ni siquiera ante el rechazo del pueblo que se ha escogido; más aún, con infinita misericordia envía al mundo a su Hijo unigénito para que cargue sobre sí el destino del amor destruido; para que, derrotando el poder del mal y de la muerte, restituya la dignidad de los hijos a los seres humanos esclavizados por el pecado. Todo esto a caro precio: el Hijo unigénito del Padre se inmola en la cruz: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Símbolo de este amor que va más allá de la muerte es su costado atravesado por una lanza. A este respecto, un testigo ocular, el apóstol san Juan, afirma: “Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua” (Jn 19, 34).

Detengámonos a contemplar juntos el Corazón traspasado del Crucificado. Acabamos de escuchar que Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo (…) y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús. (Ef 2, 4-6) Estar en Cristo Jesús, significa ya sentarse en los cielos. En el Corazón de Jesús se expresa el núcleo central del Cristianismo, en Cristo se nos revela y entrega toda la novedad revolucionaria del Evangelio: el Amor que nos salva y nos hace vivir ya en la eternidad de Dios. El Evangelista San Juan escribe: Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna. (jn3, 16) Su corazón divino llama entonces a nuestro corazón; no s invita a salir de nosotros mismos y a abandonar nuestras seguridades humanas para fiarnos de Él y, siguiendo su ejemplo, a hacer de nosotros mismos un don de amor sin reservas.

Dejarse conquistara totalmente por Cristo. Esta fue la meta de todo el ministerio del Santo Cura de Ars. Que sea también el objetivo principal de cada uno de nosotros. No debemos alejarnos nunca del manantial de Amor que es su Corazón traspasado en la cruz. (De la homilía del Papa Benedicto XVI en la Inauguración del Año Sacerdotal)

Se hace un tiempo largo de silencio

LECTOR:

Del Evangelio según San Juan (15, 9-20)

Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.
Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.
Lo que os mando es que os améis los unos a los otros."
"Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.
Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.
Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también guardarán la vuestra.

CANTO:

Como el padre me amó yo os he amado

Permaneced en mi amor, permaneced en mi amor.

1.- Si guardáis mis palabras y como hermanos os amáis

compartiréis con alegría el don de la fraternidad.

2.- Si os ponéis en camino sirviendo siempre a la verdad,

fruto daréis en abundancia, mi amor se manifestará.

3.- No veréis amor más grande como aquel que yo os mostré

yo doy la vida por vosotros, amad como yo os amé.

4.- Si hacéis lo que os mando y os queréis de corazón

compartiréis mi pleno gozo de amar como El me amó.

Acción de gracias por el sacerdocio:

CELEBRANTE:

El santo Cura de Ars se admiraba ante la grandeza del sacerdocio y llegaba a decir que “si no tuviésemos el sacramento del orden sacerdotal, no tendríamos a Nuestro Señor. ¿Quién le ha puesto ahí, es ese tabernáculo? El sacerdote. ¿Quién ha recibido el alma en su entrada a la vida? El sacerdote. ¿Quién la alimenta para darle fuerza para hacer su peregrinación de la vida? El sacerdote. ¿Quién la preparará a presentarse ante Dios, lavando esta alma, por última vez, en la sangre de Jesucristo? El sacerdote. ¿Y si esta alma va a morir por el pecado, quién la resucitará?, ¿quién le devolverá la calma y la paz? Otra vez el sacerdote.
No os podéis acordar de una buena obra de Dios, sin encontrar al lado de este recuerdo a un sacerdote.

Como el Santo Cura de Ars, asombrémonos ante el don del sacerdocio y demos gracias a Dios diciendo:

R/. Gracias, Señor, por tus sacerdotes.

· Te damos gracias, Señor, porque en la tarde del Jueves Santo instituiste el sacramento del orden para seguir presente en tu Iglesia como Pastor, Maestro y Pontífice de tu pueblo.

· Te damos gracias, Señor, porque en tus sacerdotes sigues presente en medio de nosotros predicando el amor de Dios, sus designios de salvación, y enseñando el camino del cielo y de la felicidad cada vez que predican y nos exhortan.

· Te damos gracias, Señor, porque en tus sacerdotes sigues guiando a tu pueblo a través de la historia cada vez que nos reúnen como miembros de tu Iglesia, cada vez que nos libran de los falsos pastores y de los lobos que amenazan nuestra vida.

Canto final a la Virgen:

MONITOR:

María, Reina de los apóstoles, ofreció a los primeros sacerdotes de la Iglesia el testimonio de su fidelidad en la pasión y en la cruz. Unámonos al dolor de la Virgen Santísima, pidiendo su intercesión por todos nosotros. Cantamos juntos la salve:

Salve Regina, Mater misericordiae,

Vita, dulcedo, et spes nostra, salve.

Ad te clamamus, exsules filii Hevae;

Ad te suspiramus gementes et flentes

in hac lacrymarum valle.

Eia ergo advocata nostra,

illos tuos misericordes oculos ad nos converte.

et Jesum, benedictum fructum ventris tui,

nobis post hoc exsilium ostende.

O Clemens, O pia, O dulcis Virgo Maria

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